Navegación oceánica a vela

He de reconocer que cuando me ofrecieron la oportunidad de cruzar el Atlántico en un catamarán fue como una señal, es algo que siempre he pensado que al menos tenía que hacerlo una vez en la vida. Pensaréis que por qué no lo hacemos en nuestro velero, al fin y al cabo es un gran barco que se sentirá genial navegando por los océanos, no os falta razón, deberíamos hacerlo en nuestro velero pero… Lo de siempre, hay que comprar un montón de cosas que para navegar en el Mediterráneo no nos hacen falta pero claro, no es lo mismo estar a 100 millas de tierra que a 1500, los equipos de seguridad y comunicaciones se multiplican de una manera que ni os imagináis y ya no es solo el tema económico que es un pastizal, es el tiempo (al del reloj me refiero), tendríamos que salir del Mediterráneo en octubre o noviembre como muy tarde. Luego, cruzar rumbo oeste que es lo fácil pero una vez en el Caribe la burocracia, entrar en una isla supone entrar en un país nuevo, salir y moverte a otra isla supone más papeleo y entrada y salida de cada país. Total, 3 meses recorriendo distintas islas para en el mes de abril, hale, vuelta al Mediterráneo porque vienen los huracanes y ahí no querremos estar. Resumiendo, 3 meses de vacaciones son lo que cualquier mortal desearía pero a nosotros nos da pereza tanto trabajo para tan corto disfrute, quién sabe, igual un día salimos y no miramos hacia atrás!

 

Navegando por el Atlántico Norte

Ahora que ya os he contado todos los “contras”, ahí van los “pros”:

  • La travesía es una delicia, olas grandes que te empujan por la popa. Navegación cómoda y en nuestro caso, solo nos encontramos un par de chubascos gordos. La temperatura, un poco más fresca la primera semana pero muy agradable a partir del primer tercio de la travesía.
  • Una aventura única, cada travesía tiene sus “cosas” y aún así volvería a repetir cada año.
  • Ver delfines, peces voladores e incluso diversas aves, cosa que no esperaba a 1000 millas de tierra! ¿Cómo llegarán tan lejos?
  • La comida. Sí, ir con gente que le gusta comer y cocinar es un plus, no es lo mismo llevar un montón de latas de comida preparada en “vaya usted a saber dónde” que cocinar cada día, aunque sean cosas sencillas pero hechas con amor. Hicimos hasta unas croquetas, pasta casera, freímos un pez volador e incluso cocinamos 2 tartas de cumpleaños!
  • Las duchas a cubos en cubierta, en el catamarán te puedes duchar cómodamente dentro pero el gustazo que da coger agua de mar y tirártelo por la cabeza cuando el sol calienta de lo lindo, eso no tiene precio!
  • Las guardias nocturnas con todas las estrellas en el cielo! Hemos pasado 23 días con sus 22 noches, salimos con luna nueva y llegamos con luna menguante que se ponía de madrugada. Con el Sky Map puedes ver las constelaciones, estrellas, planetas, todo en tiempo real, es maravilloso porque aprendes a detectar muchos de ellos, a mí me acompañaban en mis guardias Júpiter, Castor y Polux, por lo que sea eran los que identificaba fácilmente.
  • El compañerismo, es fundamental en una travesía tan larga, aquí no puedes enfadarte y salir dando un portazo, así que lo mejor es intentar que no te afecten las cosas que no te gustan, seguro que tú haces algunas cosas que no gustan a los demás, tiene que haber un equilibrio.
  • La llegada al Caribe, después de tantos días navegando, por fin llegas al “otro lado”, he de decir que a mí me dio pena que se acabara, por mi parte hubiera seguido navegando!

 

Y este podría ser el resumen de mi Travesía Atlántica 2026, no descarto hacerla más veces pero os aseguro que la próxima será en velero monocasco, los catamaranes no me gustan! Lo siento mucho, sé que están de moda y se venden muy bien, a mí no me convencen, seguiré navegando en monocasco,

Mektxis tiene cuerda para rato!

Tripulación de Salina: Ana (capitana), Antonio (armador y marinero), Judith y Olga (marineras)